Capitulo penúltimo
Nuestros últimos días parte 1-.
…yo lo abrasaba con fuerza, tanto tiempo sin poder verlo, era mi padre, como odiarlo por irse si ahora esta aquí a mi lado, pero detrás de mi la hermana que yo estimo me indicaba algo que yo no entendí creí que se había molestado por la forma en que recibí a nuestro padre, pero cuando volteé vi a José parado como si la tristeza lo invadió y fue ahí cuando en tendí José había malentendido todo, el de seguro creyó algo que no era, llevaba una carta en la mano que soltó al irse corriendo –José espera – grite al mismo tiempo que empujaba a mi padre –eh! Espera Ricardo – dijo él mientras sostenía mi brazo, yo me arrebate y mi hermana dijo – suéltalo de una vez! – mi padre se sorprendió tanto que perdió las fuerzas para sostenerme, en eso corrí hacia José pero el ya llevaba gran ventaja, trate de darle alcance pero no pude así que volví.
Cuando abrí la puerta escuche a mi hermana discutiendo con mi padre – hace tanto que te fuiste, y ahora vuelves con la idea de llevártelo! Como crees que lo tome el de seguro creé que te quedaras unos días o tal vez para siempre, no que lo separaras de sus amigos y vida! – mi padre se quedo mudo pero después de un rato la confianza volvió a él – si!, tal vez lo que hago es egoísta pero yo me lo llevare a parís con migo – mi madre solo escuchaba callada – por favor reconsidéralo! No puedes obligarlo el no querrá – mi padre sorprendido su hija la arrogante, suplicando tenia que ser algo que el no supiera – hija como sabes que el no aceptara? Es acaso que tu sabes algo que impida esto? Dímelo sino yo continuare con esto! – ella con un poco de duda piensa responde –es que el…! – pero yo la interrumpí, no es que tuviera miedo pero por alguna razón creí que eso seria lo mejor – hermana, no tienes por que molestarte ni inventar cosas, yo decidiré si voy o no – mi vos sonó fría como si no tuviese ningún sentimiento, ella no se quedo callada y me reclamo – como es que puedes pensar en considerarlo? Es acaso que ya no te importa… - pero antes de que termine – cállate! Tu eres la que no sabe nada, no interfieras – mi hermana se quedo muda, y yo con un nudo en la garganta, me volteé y camine hacia mi cuarto por mi mejilla una lagrima se resbalaba suavemente. Al entrar en la habitación cerré la puerta con seguro, y me tire en la cama a llorar “que puedo hacer” esa pregunta llego de repente, como si siempre lo hubiera sabido tenia claro que debería hacer, me levante seque mis lagrimas y salí por la ventana.
Al fin llegue donde se encontraba ese gran árbol donde todo empezó; imponente, hermoso y sobretodo con un gran significado; como si no fuera poco él ahí estaba, acostado junto al tronco cortado, ya había pasado una mes desde aquello. Un gran rayo había partido a la mitad el árbol y el ayuntamiento había decidido cortarlo. –José, José… - dije suavemente como tratando de comunicarme sin palabras, pero el estaba profundamente dormido, me acerqué lentamente a él y pude ver su rostro, no se como describir la sensación que me lleno, pero fue un silencio que era como si el tiempo se detuviera para mi, como si él y yo ya no fuéramos parte del todo, en eso el encanto desaparece al abrir él sus ojos – ri… Ricardo! Pero… - mi felicidad desbordaba difícil de ocultar – José, cuanto tiempo como has estado? Me preguntaba si esto era para mi? – de mi bolsa saque la carta que él había dejado caer, el con una mirada de confusión me dijo – aun no la lees? – y yo le respondí – claro que no, espero que tu me des permiso – mientras sostenía una sonrisa fresca y sincera.
Estuvimos ahí durante una hora mientras que leía la carta y conversábamos de todo lo que no sucedió en estos últimos días, para ser sincero les diré que fue poca la conversación la mayoría del tiempo estuvimos reconciliándonos de otra manera; besos y carisias en brazos y rostro, palabras de amor y alabanzas a nuestros cuerpos tal cual pareja común; por fin el atardecer nos atrapo dejándonos en un dilema seguir en esta burbuja donde no podíamos separarnos a regresar a nuestra cruel realidad, pero esto es inevitable teníamos que regresar a nuestras casas.
En el momento en que salimos del parque José me dijo – Ricardo, tu que aras si no puedo estar a tu lado? – yo me quede sorprendido – eh? Por que esta pregunta? Es acaso que no te volveré a ver? – él ya no pudo contener la risa – no te rías!- le dije, pero el me respondió – no malinterpretes no es que no quiera pero no creo poder asegurarte que nos volveremos a ver – yo con la cara entristecida le dije – supongo que no es tan fácil tu situación, verdad? – el me miro su cara parecía feliz y me dijo – tengo una idea, fuguémonos! – sus palabras me causaron una gran sorpresa, “fugarnos” era llegar demasiado lejos, pero antes de poder hablar me tomo de la mano y me jalo con fuerza – vamos corramos hasta la estación de autobuses – yo no puede sacarle la idea de la cabeza solo pude seguirlo ciegamente.
Al llegar me solté de el, y le dije – esto no es una buena idea, fugarnos enserio crees que podemos hacer esto? Yo no, esto algo demasiado loco – él se empezó a reír – jajaja enserio creíste que nos iríamos para no volver, verdad? Yo me refería a irnos en este momento para poder tener un tiempo a solas no creo se capas de escaparme de mi padre tan fácilmente – sus palabras lograron cállame –subamos – me dijo mientras estiraba su mano medio cuerpo ya estaba en el autobús y por si fuera peor todos nos miraban, pero lo mire fijo a los ojos y esto fue como si los demás hubieran desaparecido.
En dirección hacia donde el autobús iba, me he quedó dormido sobre su hombro; su calidez me invadió como jamás había sentido antes y quería quedarme así de ser posible. Cuando al fin llegamos el me despertó – Ricardo, despierta, ya llegamos – yo abrí lentamente los ojos y lo vi, seguía medio dormido así que me talle la cara – rápido – dijo José impaciente. Al bajar pude ver una estación común, no vi ningún cambio entre donde vivíamos a este lugar, pero algo era diferente hacia mas frio tanto que podía ver mi aliento como una fina nube cálida –ponte esto – mientras extendía su mano con una chamarra en ella, y le pregunte –donde estamos? – Y como en un juego me respondió –lejos en el norte y solo eso necesita saber – parresia que el conocía muy bien ese lugar, él quería crear una atmosfera donde todo girase en el sentido que el mismo escogió.
Después de salir de la estación pasamos un buen rato caminando cuando él dijo – ya llegamos, es en este lugar – frente de mi un gran edificio de departamentos; cinco o tal vez seis pisos de entre cuatro o tres habitaciones cada uno, con estilo muy moderno daban la impresión de no ser muy viejos – es de la compañía de mi papa el me trajo una vez en la inauguración, que mejor lugar para escondernos que bajo su gran nariz - el me tomo de la mano y me metió en el edificio.
En la recesión José pidió una habitación, la recesionista y casera era una amable señora que rápidamente reconocían a José como hijo del dueño, sin dudarlo mucho le entrego las llaves de una habitación – bien Ricardo, todo esta listo solo me queda suficiente dinero como para tres días pero solo es una suposición lo mas seguro es que nos dure menos, así que hay que cuidarlo – me quede callado, parecía ser solo su sombra ya que no me despegaba de el y tampoco emitía ningún signo de estar ahí.
Llegamos frente a la puerta, José deslizo lentamente la llave para quitarle el seguro, me mantuve callado todo este tempo, no tenia ni la menor idea de que decir o hacer, el tenia todo el control sobre mis acciones, pensamientos y deseos, me sometí voluntariamente por la simple razón de quererle tanto, “¿podría esto tener algún sentido?” esta pregunta me lleno.
El me miraba fijamente mientras y andaba perdido en mis pensamientos – Ricardo te sientes bien, será que el viaje te callo mal? Seria mejor que descanses un poco – esas dulces palabras sonaron tan distintas con su voz como es posible que suenen tan varonil si son tan tiernas – no, no es nada solo pensaba un poco en lo que estamos haciendo en este momento – el me sonrió, luego se dio la vuelta y se dirigió hacia el baño – será mejor que tome un baño hemos tenido un viaje muy largo y eso me relajara un poco, tu también te bañaras?, verdad? – yo afirme con la cabeza – Ricardo, no preferirías bañarte con migo? – esas palabras tan provocativas me alteraron de una forma obvia y el evitar que se diera cuenta era lo que mas me delataba – que!! Debes de estar bromeando – el rojo de mi cara evidenciaba mis pensamientos – será mejor que te apures por que yo quiero bañarme antes de que oscurezca – el me sonrió nuevamente – pues ya te dije báñate conmigo – pero yo me seguí negando –claro que no!! Y ya basta -.
Mientras el se bañaba yo leía un poco, había comprado un periódico camino al edificio, podía escuchar el agua caer sobre su cuerpo, nunca imagine que seria tan difícil poder concentrarme, me lo imaginaba desnudo rodeado por vapor, casi podía sentir las gotas escurriese por su piel, esa pequeña habitación era mi jaula y yo era una bestia que ansiaba salir, no encontraba la tranquilidad de ninguna forma.
Por fin salió con la toalla en rollada en la cintura y secando se el cabello – eh! Por que sales así? – José con una cara inocente me contesto – lo que pasa es que no quería ponerme la misma ropa sucia, además no pienso salir de la habitación asta mañana –en eso se sentó en la cama – vamos a ti te toca bañarte, no? – infle las mejillas y protesté, pero no alargue la discusión.
Mas tarde cuando termine de bañarme, el me esperaba en la habitación solo tapado por el cobertor, estaba en un profundo sueño, su sola presencia perturbaba mi mente, como podía evitar hacer algo que parecía ser incorrecto pero lo mas lógico; su rostro estaba esplendido esas facciones que lo asían parecer mas grande que yo pero al mismo tiempo un niño, ese cabello negro, y sus rasgos del rostro, no podía dejar de amararlo; me acerqué lentamente a su cara y estuve apunto de plantarle un beso pero el abrió los ojos – Ricardo? – rodio mi nuca con sus brazos y sus labios se juntaron con los míos pude sentir como el metías su lengua en mi boca, no pude dejar de saborearla con la mía esto ya era una locura, mi mente quedo en blanco, podía sentir como me acariciaba el pelo; esas manos tan delicadas casi como las de una chica; mi cabeza no podía procesar todas esas emociones pude percibir como entraba poco a poco en un pánico que no sabia como tratar con el, trate de retirarme pero el no me lo permitió me sujeto con todas sus fuerzas mientras me miraba fijo a los ojos – por que te vas? – dijo el – es que acaso lo he entendido mal? Yo solo deseo estar a tu lado, no necesito esto – su vos apenas se escuchaba, era como si perdiera toda su voluntad, el temor que sentía desapareció con esas palabras y pude seguir ahí, el deseo de el se convirtió en el mío, nuestros ojos no se separaron, y nuestras manos parecían danzar sobre el cuerpo del otro, mis ropas cayeron al suelo y solo una delgada sabana nos cubría, la noche se hiso eterna.
A la mañana cigüete no pude ponerme de pie por razones que no me gustaría comentar, el continuaba durmiendo, pero no lo desperté enseguida sino que me quede viéndolo fijamente como si esperara que algo sucediera claro que no paso, nada mas podía pasar – vamos José despierta – le sacudí el hombro, pero el solo se dio la vuelta en ese momento la delgada sabana se callo, su cuerpo desnudo quedo ala vista mi rostro se sonrojo y lo empujé lo mas fuerte que pude, como cerré los ojos solo escuche el ruido que hiso al toparse con el suelo – José te encuentras bien? – aturdido por el golpe se levanta con dificultas – por que me has empujado? – Yo cubría mis ojos con las manos – por favor ponte algo – pude escuchar como caminaba hacia mi – Ricardo por que te cubres los ojos, es que acaso no ya me has visto desnudo, incluso has saboreado gran parte de lo que ahora ves – pegue un grito - ¡callar no tienes por que decir eso! Como eres malo – en eso pude sentir sus manos sobres las mías, las quito lentamente de sobre mi rostro llevaba la sabana enzima – perdón… - esa palabra me petrifico en un instante, nuevamente nuestros labios se juntaron en un beso corto – y bien ponerte de pie – dijo con una sonrisa en el rostro y extendiendo su mano.
Nos vestimos y fuimos a una tienda cercana a comprar algo que pudiéramos comer, de regreso José cocino algo que aparentaba ser comida, pero como no cenamos el día anterior, me lo comí con un gran esfuerzo.
A pesar de poder ir a cualquier lado al que desceramos simplemente nos quedamos frente al televisor bromeando y riéndonos la vida perecía haberse detenido para los dos pero no fue así el timbre sonó y dos hombre de traje permanecían en la entrada – quien de ustedes es José su padre nos mando a buscarlo – pero antes de que yo respondiera el me jalo la mano – corre! – grito, no tuve tiempo de pensar mis piernas reaccionaron con su vos.